Intolerancia alimentaria y depresión



Por lo general las sensibilidades alimentarias se relacionan con síntomas digestivos como la acidez estomacal, el dolor y la distensión abdominal, diarrea, flatulencia, estreñimiento, problemas de la piel e incluso problemas respiratorios, sin embargo sus efectos también alcanzan los estados emocionales, como es el caso de la depresión.

Entre los diversos síntomas que presenta la intolerancia o sensibilidades alimentarias para muchos profesionales de la salud en su conjunto pueden interferir con la calidad de vida y representar una causa estimuladora de la depresión, así como las restricciones alimentarias o dietas extremas también son responsables de inducir señales de depresión.

La malabsorción de fructosa por ejemplo es un problema común en las personas con síndrome de colon irritable relacionado íntimamente con los estados depresivos, sin embargo también puede afectar a cualquier persona que por lo general no tolere algunas frutas, miel o jarabe de alta fructosa de maíz, como también muchos otros son intolerantes a los fructanos contenidos en el trigo y la cebolla, los galactanos que se encuentran en las legumbres y los polioles que se encuentra en muchas frutas, verduras y alcoholes de azúcar.

Una fuerte relación se ha demostrado entre los síntomas de depresión y la mala absorción de fructosa, especialmente en las mujeres, siendo más probable por la interferencia de la fructosa al no ser asimilada con los niveles de triptófano, lo que se traduce en que al descender los niveles de este aminoácido esencial, el cuerpo no es capaz de producir suficiente serotonina, conocida como la “hormona de la felicidad”, ya que este neurotransmisor estimula la sensación de bienestar general.

En resumen y según un estudio publicado en el Diario escandinavo de gastroenterología, se demostró que la eliminación de los alimentos que presentaban intolerancia en personas depresivas, promovieron un descenso del 65 por ciento de los síntomas de depresión en sólo cuatro semanas.